Antiguamente, grandes cadenas de restaurantes como McDonald’s usaban principalmente manteca animal para preparar patatas fritas y otros platos. Hoy en día, la gran mayoría de restaurantes y alimentos procesados optan por aceites industriales de semillas baratos. Aunque esto reduce costes, los aceites de semillas están emergiendo como un factor clave en los niveles desorbitados de enfermedad en Europa y el resto del mundo.
Los aceites de semillas han infiltrado completamente el suministro alimentario moderno. A menos que seas muy cuidadoso, es posible que los consumas desde poco después de nacer hasta el día que mueras.
Los aceites de semillas, o “aceites vegetales”, se extraen de cultivos como el girasol, la soja, el algodón y el maíz, a menudo mediante procesos industriales intensivos que implican altas temperaturas, disolventes químicos y desodorización para hacerlos aptos para el consumo.
Pueden contener altos niveles de ácido linoleico, un ácido graso poliinsaturado omega-6. El ácido linoleico no es intrínsecamente malo, pero las cantidades excesivas que se consumen hoy en día pueden contribuir a numerosos problemas de salud como la obesidad y otras enfermedades crónicas.
Presta atención a estos aceites en las etiquetas de los ingredientes:
Aceite de girasol
Aceite de colza
Aceite de maíz
Aceite de soja
Aceite de linaza
Aceite de cáñamo
Aceite de sésamo
Aceite de cacahute
Aceite de semilla de algodón
Aceite de pepita de uva
Aceite de salvado de arroz
Aceite de cártamo
Si te fijas en las etiquetas del supermercado, muchos alimentos tienen estos aceites y alguno, algunos de ellos de manera sorprendente.
Fuentes inesperadas de aceites de semillas
Los aceites de semillas se encuentran en prácticamente cada sección del supermercado. Ejemplos son los siguientes:
Fórmulas de bebé — La FDA americana exige a los fabricantes el uso de aceites vegetales y de semillas para cumplir sus requisitos nutricionales.
Barritas y proteínas en polvo — Muchas usan aceite de colza o aceite de soja entre sus ingredientes.
Frutos secos — Una bolsa de almendras aparentemente normal puede llevar una mezcla de aceites vegetales añadidos.
Manteca de cacahuete — Las marcas más populares suelen incluir una mezcla de aceites vegetales.
Cremas de frutos secos — Consideradas opciones más saludables, muchas utilizan aceite de cártamo, palma o girasol.
Muesli, cereales y granola — Estos clásicos del desayuno suelen esconder aceite de coltza, girasol o cacahuete.
Aliños de ensalada — La gran mayoría tienen los aceites vegetales en su lista de ingredientes.
Salsas, y condimentos — El kétchup, la mayonesa, la mostaza y otros condimentos populares los contienen con frecuencia.
Arroz preparado — Las bolsas de arroz para microondas suelen contener aceite de colza o girasol.
Patatas fritas y galletas saladas — Se encuentran entre los alimentos con más aceites de semillas del mercado.
Cremas de leche para el café — El aceite de soja en el café no suena muy apetecible, pero es una realidad en muchos productos.
Aceite de oliva — Revisa bien las etiquetas para asegurarte de no comprar aceite de oliva mezclado con soja, colza u otros aceites.
Aceite de aguacate — Al igual que el de oliva, algunos están mezclados con otros aceites. De hecho, algunas muestras resultaron ser casi 100% aceite de soja.
Mantequilla — Algunas marcas añaden aceite de colza a ciertos productos.
Helado — Muchos sabores de diversas marcas como Ben & Jerry’s incluyen aceite de soja.
Hummus — Muchas de las marcas más populares usan aceite de girsal, colza o soja.
Platos preparados — La sección de platos preparados del Mercadona es garantía de encontrar todo tipo de aceites vegetales.
Carne de origen vegetal — El aceite de colza y girasol son ingredientes habituales en las carnes veganas.
Leches vegetales — Muchas de las opciones más populares como la leche de almendra contienen aceite de soja.
Las 7 razones para dejar los aceites de semillas
Nº1 Violan las leyes de la naturaleza
Los aceites de semillas son los “Frankenstein” industriales de la era moderna. Fueron introducidos inicialmente con aceites de motor para lubricar máquinas y vehículos industriales y posteriomente introducidos en nuestra dieta hace unos 100 años.
Nuestros ancestros habrían necesitado comer casi 3.000 pipasde girasol para obtener el equivalente a 5 cucharadas de aceite de girasol.
Son basura procesada industrialmente, sin ningún precedente en nuestra historia evolutiva.
Nº2 Están en todas partes
Desde que aparecieron, se han extendido como las malas hierbas.
Entre 1909 y 1999, el consumo de aceite de soja se multiplicó por 1.000.
Casi todos los restaurantes cocinan con ellos y prácticamente todos los alimentos procesados los contienen.
El europeo promedio consume entre 5 y 10 cucharadas de aceites de semillas cada día.
Nº3 Permanecen en tu cuerpo durante años
Estos aceites contienen cantidades anormalmente elevadas de ácidos grasos poliinsaturados omega-6.
Una proporción omega-6:omega-3 saludable sería de 1:1, pero actualmente ha llegado a niveles de 20:1 o incluso 50:1.
Nuestra fisiología no puede procesar eficientemente tanta grasa omega-6, por lo que se almacena en el tejido adiposo, donde tarda muchos años en descomponerse.
Nº4 Son altamente inestables
Estos aceites son increiblemente inestables cuando se calientan.
Desde dentro de nuestras células grasas, se descomponen en OXLAM (subproductos oxidativos del metabolismo del ácido linoleico): el 4-Hidroxinonenal (4-HNE) y el ácido 13-Hidroxioctadecadienoico (13-HODE).
Estos subproductos provocan disfunción mitocondrial: daño y muerte celular, y una cascada de efectos que desemboca en disfunción metabólica y enfermedad.
Nº5 Están directamente vinculados a todas las enfermedades crónicas
El daño celular causado por los OXLAM es una característica común de todas las enfermedades crónicas.
Un estudio de 2020 demostró que alimentar ratones con aceite de soja no solo provocaba obesidad, sino también desregulación génica relacionada con mayor riesgo de ansiedad, depresión, autismo y demencia.
Estos efectos se han observado también en animales de granja cuando son alimentados con piensos elaborados con aceites vegetales, donde se han observado cerdos muriendo de infartos al mes de mantener esta alimentación y vacas desarrollando demencia y alzheimer.
También existen estudios en humanos que vinculan su consumo con cánceres, enfermedades cardíacas, autoinmunes y deterioro cognitivo.
Nº6 Contienen aditivos y subproductos tóxicos
Debido a su inestabilidad, durante la fabricación se añaden antioxidantes sintéticos químicos como el BHA (butilhidroxianisol), el BHT (butilhidroxitolueno) y el TBHQ (terc-butilhidroquinona) para evitar la oxidación y el enranciamiento, todos ellos con propiedades carcinógenas.
Además, al calentarse liberan aldehídos tóxicos en concentraciones que superan el límite diario seguro de la OMS entre 100 y 200 veces.
Nº7 Te generan más antojos de comida basura
Aumentan la producción de endocannabinoides (2-AG y anandamida), que secuestran los receptores de saciedad del cerebro de forma similar al cannabis, generando más antojos de comida.
Cuanto más consumes, más deseas: un círculo vicioso difícil de romper.
Conclusión
Eliminar los aceites de semillas no es simplemente otro “truco” de salud. Es probablemente el cambio dietético más importante que puedes hacer.
Imagina un mundo en el que pesamos menos, las enfermedades crónicas son raras, vives más tiempo y te sientes mejor. Ese futuro es posible, pero primero necesitas saber cómo eliminar completamente estos aceites industriales de tu vida.

