Los recuentos de espermatozoides llevan cayendo cincuenta años.
Las tasas de aborto espontáneo están aumentando.
La edad a la que las parejas pueden concebir ha ido subiendo cada década desde los años 70.
Algo está cambiando en el entorno en el que nuestra especie se reproduce.
Y la mayor parte de lo que está cambiando es química. Química nueva. Química dentro de la cual los seres humanos nunca habían vivido antes.
Este artículo trata sobre un químico en particular, porque está en todas partes y la evidencia es más clara que para cualquier otro.
Hablo del glifosato, el principio activo del Roundup, el pesticida más usado en el mundo.
En 2018, investigadores analizaron a 71 mujeres embarazadas en el centro de Indiana mediante muestras de orina para detectar glifosato.
El 93% tenía niveles detectables. Las mujeres con niveles más altos tuvieron gestaciones más cortas.
¿Qué es el glifosato?
El glifosato es un herbicida de amplio espectro patentado por Monsanto en 1974 y comercializado con el nombre comercial Roundup.
Funciona inhibiendo un proceso metabólico llamado la vía del shikimato, que las plantas y algunas bacterias utilizan para fabricar aminoácidos esenciales.
Los animales no tienen esta vía, lo que es parte de por qué el glifosato se vendió como de bajo riesgo para los humanos.
Hoy es el herbicida más utilizado del planeta.
La razón no es solo el Roundup, sino el sistema que Monsanto construyó a su alrededor.
A partir de 1996, se desarrollaron cultivos “Roundup Ready” diseñados para sobrevivir la aplicación directa de glifosato. Soja, maíz, algodón, canola, remolacha azucarera, alfalfa. Se pulveriza el campo entero, se mata todo lo que no sea el cultivo.
Pero la parte que la mayoría de la gente no sabe es la práctica de la desecación pre-cosecha.
El glifosato se aplica sobre cultivos que no son Roundup Ready poco antes de la cosecha para secarlos y facilitar el procesado. Trigo, avena, legumbres como alubias, garbanzos y lentejas.
Así que tu producto de avena “sin transgénicos” puede seguir llevando residuos significativos de glifosato, porque el químico no se usó para cultivar la planta sino para matarla a tiempo.
La Agencia Canadiense de Inspección Alimentaria ha encontrado residuos significativos en el 80-90% de los productos a base de trigo, como pasta, pizza y galletas, además de en legumbres como alubias y lentejas.
¿Es peligroso?
Sin duda.
En 2015, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), clasificó el glifosato como Grupo 2A, “probablemente cancerígeno para los humanos.”
La clasificación se basó en evidencia humana limitada, evidencia animal suficiente y sólida evidencia mecanística de genotoxicidad y estrés oxidativo.
La EPA (Agencia de Protección Ambiental de EE.UU.) mantiene la posición contraria. Clasifica el glifosato como no probable que sea cancerígeno a los niveles de exposición habituales.
Los jurados se han alineado en gran medida con la IARC.
Desde que Bayer adquirió Monsanto en 2018, la empresa ha pagado aproximadamente 10.000 millones de dólares para resolver reclamaciones de linfoma no Hodgkin vinculadas a la exposición al Roundup.
Se han presentado más de 192.000 demandas contra Monsanto/Bayer por el Roundup.
A enero de 2026, quedan pendientes unas 65.000 causas.
En marzo de 2026, un acuerdo colectivo de 7.250 millones de dólares recibió aprobación preliminar de un tribunal de Missouri. La aprobación definitiva se espera para julio de 2026.
En abril de 2026, un jurado concedió 2.000 millones de dólares a un único demandante que desarrolló linfoma no Hodgkin tras 20 años de uso del Roundup.
El Tribunal Supremo está estudiando actualmente el caso Monsanto v. Durnell, que decidirá si las leyes federales de etiquetado de pesticidas anulan las demandas estatales por falta de advertencia. Si Bayer gana, la industria de los pesticidas podría quedar blindada frente a reclamaciones por cáncer en todo el país.
Nada de esto demuestra que el glifosato sea dañino en una dosis determinada, en una persona determinada, de una manera determinada. Lo que demuestra es que, para el químico más utilizado en la agricultura moderna:
La cuestión regulatoria está genuinamente sin resolver.
Pasivos de decenas de miles de millones siguen pagándose.
El tribunal más alto de EE.UU. está decidiendo si las empresas que lo fabrican pueden ser demandadas en absoluto.
Y todo esto es para adultos que tienen capacidad de demandar.
Es natural que nos preocupe lo que ese mismo químico pueda estar haciendo a quienes aún no han nacido y no pueden abogar por sí mismos.
Estudio con mujeres embarazadas
Los investigadores reclutaron a 71 mujeres embarazadas de Indiana entre 2015 y 2016, tomando muestras de orina y siguiendo los resultados del embarazo.
El 93% tenía glifosato en su organismo.
Las mujeres con niveles más altos en orina tuvieron gestaciones significativamente más cortas, una correlación estadísticamente significativa. Dos de los 71 bebés nacieron prematuros.
Dados los resultados los investigadores pidieron un estudio de seguimiento más amplio y diverso. Hasta ahora, ese estudio no ha sido financiado.
Pero tenemos la primera evidencia directa en mujeres embarazadas estadounidenses:
Detección casi universal más una correlación con una menor duración gestacional, un predictor conocido de resultados adversos a lo largo de toda la vida.
Más allá de Indiana, el panorama mecanístico está incompleto pero es preocupante.
El glifosato inhibe la vía del shikimato en plantas y algunas bacterias, incluyendo especies del microbioma intestinal humano.
Aproximadamente el 90% de la serotonina del organismo se fabrica en el intestino, en células llamadas células enterocromafines.
El glifosato exhibe actividad disruptora endocrina en estudios animales y celulares.
Una revisión sistemática de 2022 concluyó que la exposición está asociada a efectos neurotóxicos en las poblaciones estudiadas. Esos efectos incluyen cosas como desarrollo celular anormal, estrés oxidativo, neuroinflamación, disfunción mitocondrial y muerte neuronal.
Los recuentos de espermatozoides han estado disminuyendo globalmente durante cincuenta años.
El glifosato es uno de los varios factores ambientales implicados, junto a los ftalatos, los microplásticos y otros pesticidas.
El atrazina, el segundo herbicida más usado en EE.UU., muestra patrones similares en estudios de exposición prenatal. La Unión Europea lo prohibió en 2004 por contaminación de aguas subterráneas. EE.UU. nunca lo hizo.
Tenemos evidencia directa de exposición casi universal en mujeres embarazadas, evidencia sugestiva de efectos sobre la duración del embarazo, mecanismos plausibles en múltiples sistemas corporales y una preocupación creciente entre grandes organismos de investigación, incluida la Organización Mundial de la Salud.
Todavía no tenemos ensayos controlados en humanos que establecerían la causalidad, y es poco probable que los tengamos.
Exponer a mujeres embarazadas a posibles tóxicos reproductivos no es algo que los comités de ética institucionales vayan a aprobar.
Si la química es tan controvertida, ¿por qué los países cada vez producen más?
En febrero de 2026, el Presidente firmó una orden ejecutiva invocando la Ley de Producción para la Defensa (DPA) de 1950 para escalar la producción estadounidense de fósforo elemental y herbicidas a base de glifosato.
La justificación declarada fue la seguridad nacional: reducir la dependencia estadounidense de las cadenas de suministro chinas para los químicos de los que depende la agricultura actual de EE.UU.
RFK Jr., como Secretario de Salud y Servicios Humanos de EE.UU., defendió la orden.
Esto pilló a mucha gente por sorpresa, porque apenas 20 meses antes, cuando se presentaba a la presidencia, había dicho esto:
“El herbicida glifosato es uno de los probables culpables de la epidemia de enfermedades crónicas en América. Se usa mucho más aquí que en Europa. Sorprendentemente, gran parte de nuestra exposición proviene de su uso como desecante en el trigo, no como herbicida. Desde ahí va directamente a nuestros cuerpos. Mi USDA prohibirá esa práctica.”
Además, el informe de mayo de 2025 de la Comisión MAHA (el propio informe de RFK Jr. de la administración Trump) sigue señalando los vínculos documentados del glifosato con trastornos reproductivos y del desarrollo, cánceres, inflamación hepática y alteraciones metabólicas.
La lectura fácil de la situación es que cedió. Los lobbys ganaron.
Bayer gastó 9,2 millones de dólares en lobbying en Washington en 2025, gran parte a través de empresas con vínculos con la administración actual, y ahora la orden ejecutiva está en vigor.
Pero piensa en esto:
La agricultura moderna estadounidense ha sido diseñada en torno al glifosato durante 50 años.
Las variedades de cultivos, los equipos de procesado, las cadenas de suministro, la maquinaria agrícola y los modelos de trabajo están todos construidos a su alrededor.
Y no olvides que esta misma exposición a glifosato la tenemos en Europa, incluida España.
La buena noticia es que las alternativas son reales y ya están en despliegue comercial.
Carbon Robotics fabrica una máquina autónoma llamada LaserWeeder. Circula por los campos sobre un tractor y mata las malas hierbas con láseres de alta potencia. Sin químicos. Se está usando en granjas comerciales ahora mismo.
Mientras tanto, Naio Technologies y FarmWise están desplegando desherboradores mecánicos autónomos, máquinas que eliminan físicamente las malas hierbas sin pulverizar nada. La visión por computador está llevando la gestión de plagas de precisión de la investigación a la producción.
¿Qué puedes hacer tú para reducir tu exposición al glifosato?
Los 3-6 meses antes de la concepción es cuando se está determinando la calidad del óvulo y del espermatozoide.
Los óvulos se forman una vez y se almacenan durante décadas, pero la ventana de maduración final (los meses inmediatamente anteriores a la ovulación) es cuando su entorno importa más.
Los espermatozoides tardan unos 70 días en desarrollarse a partir de células precursoras.
Si estás planeando un embarazo, o podrías estarlo, esa es la ventana en la que reducir la exposición química importa más.
Dale máxima prioridad a la comida de origen ecológico y evitar todo lo que se pulveriza intensamente con glifosato: Avena, productos a base de trigo (pan, pasta, galletas), legumbres (alubias, garbanzos, lentejas), maíz y soja convencionales, incluidos sus aceites, edulcorantes y los alimentos procesados que los contienen.
La segunda cosa a evitar: Frutas y verduras convencionales no ecológicas de la lista de los “Dirty Twelve” del Environmental Working Group. Cosas como fresas, espinacas, kale, uvas y pimientos. Estos tienden a acumular mayores cargas de pesticidas más allá del glifosato.
Como de costrumbre, los productos animales como la carne de rumiante, los huevos o los lácteos crudos son las opciones más seguras y aptas a tu biología.
Las condiciones para que la vida prospere a través de las generaciones no son opcionales.
Podemos nadar en esta sopa tóxica o podemos limpiar el agua.




Y si tengo una huertita donde planto pimientos, puerros, calabaza etc. y no le echo nada entraría en alimento saludable?
Mil gracias!!!