Sin duda, una de las preguntas que más me hacen en relación con la salud es respecto al colesterol.
Y no me cansaré de repetirlo. Con el colesterol, estamos tirando al enemigo equivocado.
Pero para entender por qué, hay que empezar por el principio, que es donde siempre se esconden las trampas más grandes.
Todo arrancó en los años 50, cuando un investigador americano llamado Ancel Keys postuló la hipótesis lipídica: el colesterol en sangre causa enfermedad cardiovascular.
La hipótesis era imperfecta, los datos que la sostenían habían sido seleccionados a mano entre muchos países que no encajaban con la teoría, y la ciencia de la época ni siquiera sabía que existían lipoproteínas de alta o baja densidad.
Pero llegó en el momento justo.
La industria farmacéutica encontró en ella la justificación perfecta para desarrollar fármacos que bajaran esa cifra en la analítica. Y el resto es historia: setenta años de adoctrinamiento médico centrado en un número en un papel.
Lo que el colesterol hace realmente en tu cuerpo
El colesterol es una molécula imprescindible para la vida. Sin ella, literalmente moriríamos.
Forma parte de todas las membranas celulares del organismo, sin excepción.
A partir del colesterol se sintetizan todas las hormonas esteroideas: testosterona, estrógenos, cortisol. La vitamina D se fabrica desde el colesterol cuando la piel recibe radiación ultravioleta. Los ácidos biliares que permiten absorber las grasas en el intestino provienen del colesterol. Las vainas de mielina que recubren los nervios y permiten la conducción eléctrica están hechas, en gran parte, de colesterol.
El cerebro merece mención especial: pesa aproximadamente el 4% del cuerpo, pero alberga el 25% de todo el colesterol del organismo. Las neuronas necesitan colesterol para funcionar. De hecho, los niveles bajos de colesterol se asocian a déficit cognitivo, mayor riesgo de depresión y mayor incidencia de intentos de suicidio.
No es una teoría alternativa: está documentado en la literatura científica.
El hígado produce colesterol de forma continua porque el cuerpo lo necesita de forma continua.
Cuando comes cinco huevos en el desayuno, le quitas trabajo al hígado: sintetiza menos porque ya tiene suficiente en circulación. La producción hepática de colesterol equivale aproximadamente a ocho huevos diarios.
El cuerpo regula ese proceso con una precisión que ningún fármaco puede imitar.
La paradoja que nadie quiere ver
Francia es el país europeo que más colesterol tiene y más grasa animal consume. Y es también el que menor riesgo cardiovascular presenta.
Suiza ocupa el segundo lugar en ambas categorías: más grasa, menos infartos.
En Europa del Este ocurre lo contrario: menos grasa animal y mucha más mortalidad cardiovascular.
La explicación oficial para este tipo de paradojas suele ser tortuosa, pero hay una más sencilla: el colesterol no es la variable relevante.
Cuando la Unión Soviética se disolvió y millones de personas perdieron su trabajo, sus relaciones sociales y su sentido de la vida, la mortalidad cardiovascular se disparó en toda la región. El estrés psicosocial crónico, el cortisol elevado de forma sostenida, la desesperación: eso sí daña las arterias. El colesterol no tiene nada que ver.
Hay estudios en octogenarios que muestran algo que resulta difícil de digerir para la cardiología convencional: a partir de los cincuenta años, a mayor nivel de colesterol, mayor longevidad.
En uno de estos estudios se siguió a personas de ochenta años para ver cuántas llegaban a centenarias. Todas las que tenían colesterol por encima de 200 llegaron a los cien años. Las que lo tenían por debajo de 200, ninguna.
Se puede discutir si esta asociación implica causalidad, pero desde luego invita a revisar la narrativa de ‘el colesterol, cuanto más bajo, mejor’.
El número que mueve miles de millones
El límite de colesterol considerado normal ha ido bajando con los años de forma sistemática: de 350 a 300, de 300 a 250, de 250 a 220, de 220 a 200, y continúa.
Cada vez que el umbral baja, millones de personas pasan automáticamente a la categoría de ‘paciente en riesgo de enfermedad cardiovascular’.
Más del 50% de la población adulta tiene colesterol por encima de 200. Según los criterios actuales, más de la mitad de los adultos sanos deberían estar tomando una pastilla todos los días hasta que mueran.
La métrica que los médicos deberían explicar a sus pacientes, pero que rara vez mencionan, se llama NNT: número necesario a tratar.
El NNT es el número de personas que hay que medicar con estatinas durante un período determinado para que una de ellas se beneficie.
En prevención primaria —personas sanas que nunca han tenido un infarto, que están siendo medicadas solo por una cifra en la analítica— el NNT es de 104.
Esto significa que hay que dar la pastilla a 104 personas durante cinco años para que una evite un infarto no fatal.
El 99,2% restante no obtiene ningún beneficio cardiovascular.
Y en prevención secundaria —personas que ya han tenido un infarto— el beneficio en términos de prolongación de vida es, en el mejor de los estudios, de cuatro días.
Cuatro días.
Después de cinco años tomando una medicación que interfiere con más de 35 procesos metabólicos, que bloquea la síntesis de coenzima Q10, de vitamina K2, de selenoproteínas, de dolicol. Que genera fatiga muscular, pérdida de memoria, aumento del riesgo de diabetes hasta en un 41% según algunos estudios, y deterioro cognitivo.
Por qué las estatinas funcionan un poco (pero no por lo que crees)
Las estatinas tienen lo que en farmacología se llaman efectos pleiotrópicos, es decir, efectos que el fármaco produce más allá de su mecanismo de acción principal.
En el caso de las estatinas, son vasodilatadores, tienen propiedades antiinflamatorias y antiagregantes, y, lo más importante, liberan óxido nítrico.
El óxido nítrico es el mayor vasodilatador, anticoagulante y antiagregante que tiene el organismo. Es la molécula que relaja las arterias, reduce la presión sanguínea y previene la formación de trombos.
Y es exactamente por eso, no por bajar el colesterol, por lo que las estatinas tienen un muy pequeño beneficio cardiovascular en ciertos contextos.
La ironía es que ese mismo óxido nítrico se puede obtener de muchas otras maneras sin ninguno de los efectos secundarios de las estatinas.
Por ejemplo, exponiendo la piel al sol, respirando por la nariz, no usando enjuagues bucales químicos o haciendo ejercicio.
El sol, en particular, libera óxido nítrico desde los nitritos almacenados en la piel al activarlos con radiación ultravioleta A, presente durante todo el año desde aproximadamente una hora después del amanecer.
Es gratis, sin receta, y sin efectos secundarios.
Entonces, ¿qué causa realmente los infartos?
El estudio InterHeart es probablemente el más relevante que existe sobre factores de riesgo cardiovascular: 30.000 pacientes de cincuenta y 52 países.
Sus resultados son claros: Los 6 factores que más favorecen los infartos son el tabaco, la hipertensión, la diabetes, la obesidad abdominal, el estrés psicosocial y un cociente elevado de ApoB/ApoA, que es un marcador de resistencia a la insulina.
El colesterol total no aparece en ningún lugar de esa lista.
Lo que todos esos factores tienen en común es que dañan el endotelio: la capa interior de las arterias.
Cuando el endotelio se lesiona, el cuerpo desencadena una cascada de reparación con plaquetas, fibrina y colágeno.
Eso, repetido en el tiempo, forma la placa de ateroma. El colesterol no daña el endotelio. Va allí a reparar, no a destruir.
La diferencia es fundamental.
Culpar al colesterol de los infartos es como culpar a los bomberos de los incendios, simplemente por aparecer en el lugar del fuego. Están ahí porque hay un incendio, no porque lo hayan provocado. Y encarcelar a los bomberos no apaga nada: solo deja las llamas sin control.
Cuida tus arterias evitando lo que realmente las daña: el tabaco, el azúcar, la hipertensión no controlada, el estrés crónico, la vida sedentaria y sin sol.
El colesterol no es el problema. Nunca lo fue.
Si has llegado hasta aquí, espero que algo se haya movido dentro de ti. No para que dejes de escuchar a tu médico de cabecera mañana por la mañana, sino para que empieces a hacerle mejores preguntas.
El colesterol lleva 70 años en el banquillo de los acusados por un crimen que no cometió.
Mientras tanto, los verdaderos culpables —el estrés crónico, el azúcar, el sedentarismo, el tabaco, la toxemia, la inflamación silenciosa— siguen sueltos y apenas mencionados en la consulta.
Tu cuerpo no fabrica colesterol para hacerte daño. Lo fabrica porque lo necesita para pensar, para sentir, para fabricar hormonas, para mantenerte vivo.
Un sistema tan finamente regulado no es un error de diseño.
Es inteligencia biológica.

Tengo 70 años, con el colesterol en niveles que a los médicos asusta...que 300, el uno que 310 el otro, que me va a dar un infarto, que coma esto que no coma lo otro, pesión arterial por debajo del pedio normal, con dificultad para aumentar de peso, hago montañismo, en promedio una caminata a montaña mensual, cuido que mi alimentación sea sana sin medirme en el café, los postres y chocolates...
Paradigmas de la salud que tardarán mucho en desaparecer sino se promueve la información verdadera y se educa así a los profesionales de la salud