La mayoría de las fórmulas infantiles contienen principalmente azúcares añadidos en vez de lactosa natural, lo que, puede perjudicar el desarrollo temprano, según muestra un nuevo informe de la Universidad de Kansas.1
En este artículo publicado el 24 de febrero de 2025 en el Journal of Food Composition and Analysis, los investigadores recogen que "Los bebés pueden consumir hasta 60 gramos de azúcares añadidos al día, o el equivalente a dos refrescos diarios si se alimentan exclusivamente con fórmula".
Los resultados revelan "la magnitud asombrosa" con la que las fórmulas infantiles cargadas de azúcar socavan las recomendaciones internacionales de dieta saludable para bebés, y no se pueden evitar fácilmente, según los autores.
"[La mayoría] de las fórmulas que los padres dan a sus bebés probablemente presentan un riesgo considerable para la salud y el desarrollo de los lactantes. En última instancia, los cuidadores y los bebés merecen un mercado de fórmulas que promueva un desarrollo infantil saludable y no fomente el riesgo de obesidad temprana".
Los azúcares añadidos aportan energía, pero carecen de valor nutricional, aumentando las probabilidades de un rápido aumento de peso infantil que puede desembocar en obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y otros problemas de salud. También pueden hacer que los bebés desarrollen una mayor preferencia por los alimentos dulces, incrementando el riesgo de comer en exceso y de obesidad en etapas posteriores de la vida. Además, no favorecen la presencia de bacterias intestinales beneficiosas como sí lo hace la lactosa.
En cambio, la lactosa, presente de forma natural en la leche materna, de vaca y de cabra, está perfectamente diseñada para apoyar la nutrición, el sistema inmunitario y la salud intestinal del bebé, según los investigadores. Como la lactosa se digiere lentamente, no provoca el aumento brusco de glucosa en sangre que puede desencadenar problemas de salud a largo plazo. Además, la lactosa sacia el hambre y ayuda al cuerpo a absorber minerales importantes para la salud ósea.
El Dr. David Ludwig, endocrinólogo e investigador del Hospital Infantil de Boston que realizó algunos de los primeros estudios que relacionan las bebidas azucaradas y la comida rápida con la obesidad, califica la fórmula infantil enriquecida con azúcares añadidos como una "pesadilla metabólica para los bebés".
"Se pierden los efectos beneficiosos de la lactosa y se obtienen los efectos perjudiciales de estos azúcares de rápida digestión", afirma Ludwig. "Salvo en el caso, muy poco frecuente, de niños que no toleran la lactosa, ese debería ser el carbohidrato principal".
De las 73 fórmulas disponibles en EE. UU. en 2022, la gran mayoría destinadas a bebés de hasta 12 meses, los investigadores encontraron que solo cinco contenían principalmente lactosa de forma natural, y esas ya no están disponibles en EE.UU. Se desconoce si alguna fórmula en el mercado estadounidense actual contiene principalmente lactosa natural, según los autores.
"Nuestros hallazgos ponen de manifiesto un problema importante con el suministro de fórmulas infantiles", afirma la autora principal Audrey Rips-Goodwin, responsable del análisis de datos del Nutrition Data System for Research del Health Behavior and Technology Lab de la Universidad de Kansas. "Nuestro mercado de fórmulas infantiles contradice totalmente lo que recomiendan los expertos en salud infantil".
Según la Academia Americana de Pediatría y las Guías Alimentarias para los Estadounidenses (2020-2025), los niños menores de 2 años no deben consumir alimentos o bebidas con azúcares añadidos, ya que necesitan dietas ricas en nutrientes y están desarrollando sus preferencias de sabor.
Sin embargo, ante la escasez de opciones de fórmulas sin azúcares añadidos, los investigadores afirman que las madres que no pueden dar el pecho o acceder a leche materna se enfrentan a decisiones difíciles para encontrar una fórmula nutricionalmente adecuada debido a la laxitud de la regulación gubernamental, que también ocurre en la Unión Europea.
Las fórmulas infantiles incluyen además de azúcares añadidos como jarabe de maíz, fructosa y glucosa, otros tipos de carbohidratos, incluidas féculas de diversos tipos.
El estudio se suma a otros que han revelado el alto contenido de azúcar en las fórmulas infantiles. Llega, además, menos de un año después de que se informara que dos de las principales marcas de alimentos infantiles de Nestlé, promocionadas como saludables, contienen altos niveles de azúcar añadido.
Para promover un desarrollo saludable, los investigadores afirman que los esfuerzos deben centrarse en exigir a las empresas de fórmulas que elaboren productos que contengan únicamente lactosa natural como único azúcar. La cantidad de lactosa presente en la fórmula infantil también debería reflejar la de la leche materna.
Al mismo tiempo, añaden los investigadores, deben eliminarse las barreras sociales a la lactancia materna, como la falta de permisos parentales y de guarderías asequibles.
"El enfoque en una solución a nivel individual (la promoción de la lactancia materna) no se corresponde con la naturaleza sistémica del problema y supone una carga injusta para las mujeres y familias, que se ven obligadas a navegar por este problema sistémico", afirma Rips-Goodwin.
La autora principal Tera Fazzino está de acuerdo. "Aunque se promueve la lactancia materna como la mejor opción, la falta de apoyo hace que sea difícil mantenerla de forma exclusiva", dice Fazzino, subdirectora del Cofrin Logan Center for Addiction Research and Treatment del Life Span Institute de la Universidad de Kansas. "La mayoría de los padres acaban utilizando fórmula, ya sea como suplemento o de forma exclusiva. Pero nuestros hallazgos sugieren que la propia fórmula puede suponer un riesgo grave para la salud infantil."
- Fuentes y referencias:
· Journal of Food Composition and Analysis, Volume 141, May 2025, 107369, Conclusions and implications
· Health Behavior and Technology Lab, Audrey Rips-Goodwin
· American Academy of Pediatrics, August 23, 2016
· Dietary Guidelines for Americans
· IBFAN, How Nestlé Gets Children Hooked on Sugar in Lower-Income Countries
